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¿Cuál es la mejor forma de entrenar?

Ojala hubiera una respuesta única, válida e incontestable para una pregunta tan compleja. Huir de todo aquel entrenador que considere que “su” método es el único o el mejor. Hay muchos caminos para llegar al mismo lugar, o muy parecido… Lo complicado es llegar lo más rápido posible y evitando romperse en el camino.

Una de las grandes singularidades de nuestro deporte reside en que el progreso se sustenta en tres pilares: nutrición, entrenamiento y descanso. Todos son determinantes a la hora de obtener un óptimo resultado final y no hay uno más importante que otro, aunque existan opiniones para todos los gustos.

Generalmente , los “machacas” a los que les gusta entrenar y que son más vagos a la hora de hacer dieta, dirán que el entrenamiento duro (pues ellos son auténticos espartanos de nuestro deporte) es lo más importante, y si no progresas es porque no tienes “coj…” para entrenar más fuerte. Su lema suelen ser frases del tipo “no existe el sobreentrenamiento, existe la subalimentación”, frase con la que discrepo, porque obviamente el sobreentrenamiento es una realidad, por mucho que comas.

En el otro extremo, están los que se aferran a los estudios científicos que avalan la importancia de potenciar los procesos de recuperación para lograr el máximo desarrollo muscular. Con el lema “menos es más” consideran que el entrenamiento ha de ser breve, intenso e infrecuente (y cuanto más mejor). Tienen la capacidad de generar un nivel de estrés tan grande que necesitan más días de descanso para recuperarse de las sesiones. Son incapaces de hacer más volumen de trabajo porque con muy poco generan un estímulo tan grande que carece sentido continuar haciendo series. Este menor desgaste lo compensan con una capacidad de sacrificio muy grande a la hora de hacer dieta y pasar hambre. Así son ellos, unos auténticos super hombres, los más inteligentes y eficientes en su enfoque.

ArticuloEntreno2He visto gente fuerte, fuerte de verdad, dentro de las dos corrientes. Como casi todo en la vida, pienso que en el punto medio está la virtud. Si tuviera que situarme dentro de uno de los dos grupos, mi cabeza iría por un lado y mi corazón por otro. A lo largo de los aproximadamente 15 años que llevo entrenando si he cometido un error de manera recurrente ha sido el de entrenar de más, pues me encanta hacerlo y “cortarme” en el gimnasio es algo que me cuesta, a pesar de saber que hay momentos en que sin duda es lo más inteligente y productivo para mis objetivos.

Encontrar el equilibrio entre las tres variables que determinan el progreso es lo complicado de este deporte y tiene mucho de arte, de ahí la importancia de la experiencia además de unas bases teóricas muy sólidas. Hace falta ver mucho, vivenciarlo uno mismo siempre que sea posible, estar abierto a experimentar con nuevos enfoques … Pero sobre todo, aprender de los errores, pues para llegar a ser bueno hay que atreverse y correr riesgos, equivocarse y saber rectificar.

En la próxima entrega expondré mi filosofía de entrenamiento y las conclusiones que he sacado a partir de mi experiencia como preparador y atleta. Hasta entonces, darle duro pero con cabeza, y recordar que “si entrenas como un animal y comes como un cerdo, serás un cerdo entrenado”.

Jesús Gallego Martín

Entrenador Personal y Asesor Nutricional

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