Mitos que nos limitan

Hay mil, además cada año sale alguno nuevo y llega apretando fuerte. Hoy nos centraremos sólo en 4, pero muy potentes, de esos que se repiten constantemente y se transmiten de generación en generación, hasta el punto de que al final lo raro es que no te lo creas.

Mito 1: La proteína es dañina para los riñones y/o el hígado.

Tanto las grasas como los carbohidratos han sido demonizadas en algún momento de la historia reciente, culpándolas de las altas tasas de obesidad en la sociedad occidental.

 

Sin embargo, las proteínas parecían a salvo de la quema de brujas, que cada cierto tiempo, un sector dentro de la comunidad de expertos (o eso dicen) en nutrición, suelen realizar en contra de cualquier alimento, macronutriente, vitamina, etc.

 

Fuera de nuestras fronteras, se planteó, especialmente en EEUU, que una dieta alta en proteina, podía causar descalcificación: lo que resultó ser, ya no falso, sino absurdo.

 

Lo que sucedía es que, el calcio ingerido en mayor cantidad a través de dicha dieta, era excretado en orina, por lo que no existía ninguna pérdida ósea, sino que sencillamente el calcio supuestamente perdido era en realidad, el exceso del ingerido.

Estudios posteriores así lo confirman.

 

Pero si existe un mito mucho más generalizado en nutrición, tanto como para haber influido en cualquier médico no especialista (e incluso en algunos que sí creen serlo) es el de asociar la elevada ingesta proteica con daño en riñón y/o hígado.

 

¿De dónde surge esta idea?

Se me ocurren varias fuentes; aunque la más citada como origen parece ser este estudio.

 

Sí, así es, de un estudio bastante mejorable a nivel metodológico, al observar que pacientes ya enfermos a nivel hepático, veían reducida su tasa de filtración glomerular (TFG), ante una dieta hiperproteica. Esto es, que mientras que lo que se encontraba era una conexión entre las funciones de hígado y riñón, muchos creyeron tener ante sí la prueba irrefutable de que: la proteína daña el hígado.

 

Obviamente, esto es absurdo, porque hablamos de pacientes enfermos hepáticos, que además, solo ven disminuida su TFG a corto plazo, nada más. Pero aún escucharéis este mantra en boca de algún erudito.

 

Pero cuidado, que el aumento de la TFG, también ha sido señalado como una señal de que los riñones estaban sometidos a una tensión indebida, lo que resulta un sinsentido: la TFG reducida en enfermos hepáticos resulta como argumento de que las proteínas son dañinas para el hígado, pero un TFG elevado en pacientes normales, ha sido frecuentemente usado para justificar esa idea de que un aumento de la ingesta proteica resulta negativa para los riñones.

 

Y no es el único valor que ha sido tomado de forma aislada y descontextualizada para afirmar que hay una relación causal entre diera hiperproteica y stress/daño renal; creatinina en orina elevada en atletas de alto rendimiento, creatina quinasa elevada tras una maratón en corredores que habían ingerido BCAAs, y un sin fin de absurdeces.

 

En el año 2000, ya un estudio parecía querer dejar claro el asunto publicando algo con mayor rigor; pero los defensores de la teoría nefrotóxica, han seguido obcecados en sus ideas tergiversadas, incluso existiendo estudios como: “¿por qué aquellos que dicen que la ingesta de proteína elevada daña el riñón, deberían irse al rincón de pensar?”.

 

La realidad es que los atletas, especialmente los de deportes de fuerza, requieren de cantidades de proteína por día elevadas. ¿Qué se considera elevado?. Esto daría para un largo debate, pero fijemos un mínimo en torno a los 2 gramos por kg de peso; siendo una cifra que, en realidad, puede modificarse enormemente según el caso.

Mito 2: Los nutrientes que provienen de los alimentos son superiores a los equivalentes suplementarios, porque son más… ”naturales”.

Los suplementos son pura química, no son necesarios para un atleta.

 

¿Con qué frecuencia has escuchado eso de que los nutrientes que nos brinda nuestra madre naturaleza siempre son mejores que los suplementos sintéticos de laboratorio producidos por malvadas farmacéuticas?.

 

Pues aunque nadie puede negar que hay que apostar fuertemente por una mayor calidad de los alimentos, incluso dentro de productos considerados ya saludables, cuidando los sistemas de producción agraria y agrícola; esto no tiene nada que ver con la afirmación de que un nutriente específico sea superior por provenir de un alimento.

 

De hecho, la cicuta es completamente natural, y no por eso deja de ser un peligroso veneno.

 

Es la manipulación del lenguaje: “natural” tiene una connotación positiva, mientras que “sintético” o “químico” tiene una negativa para la opinión pública.

 

La realidad, no es tan clara. Y aunque hay nutrientes que sí pueden ser superiores ingeridos sin procesar o con la mínima intervención humana; esto no parece ser así cuando hablamos de micronutrientes, más aún de algunos específicamente.

 

Algunos compuestos son más efectivos en forma de suplemento; pongamos algunos ejemplos:

 

La curcumina presente en la cúrcuma . Por sí solo, el cuerpo no puede absorberla bien, pero una formulación en forma liposomal o complementado con piperina, un extracto de pimienta negra, permite que la curcumina sí llegue a la sangre para desplegar sus efectos beneficiosos.

 

De igual forma, vitaminas como la K1 (filoquinona), K2 (menaquinona) cuyo origen vegetal y concentración impiden encontrar cantidades suficientes en la mayoría de dietas; la propia vitamina D3 que, en regiones o temporadas de poca exposición a luz solar es complicado suplir solamente con alimentos o el propio ácido fólico, mucho más biodisponible que el folleto “natural”.

 

Un atleta no puede permitir que una deficiencia micro, acabe lastrando su rendimiento o salud: dieta sana y equilibrada, pero en lo necesario, la idea de emplear suplementación es simplemente una opción.

Mito 3: La sal es mala para la salud

El consumo excesivo de sodio puede producir en muchas personas (de hecho, ni siquiera en todas ellas) un aumento de la tensión arterial como consecuencia de la retención de líquidos aparejada al efecto del sodio en su organismo.

 

 

Pero, de la idea según la cual, uno ha de moderar y racionalizar su consumo de sal, especialmente en casos de hipertensión es una cosa. Y afirmar que la sal es poco menos que un veneno es otra distinta.

 

 

Sin embargo, aun es frecuente observar a personas, incluso entrenadores o deportistas, evitando toda ingesta añadida de sal (que en realidad, no es puramente sodio, sino cloruro de sodio, ya que se ingieren ambos minerales con la sal de mesa).

 

Incluso se pudo de moda emplear sal de potasio, cuando, este mineral es mucho más peligroso a la hora de lidiar con su exceso.

 

La verdad es que el sodio es un electrolito que ayuda a equilibrar nuestra hidratación, resulta imprescindible para que funcionen nuestros músculos y SNC, incluidos el corazón y el cerebro.

 

 

De hecho, es muy frecuente encontrar estudios en los que queda patente la relación entre una ingesta baja de sal y problemas de rendimiento deportivo. No hay hipertrofia muscular sin sodio suficiente.

 

 

De hecho, es frecuente encontrar atletas que dicen encontrarse cansados, abatidos e incapaces de sentir ese efecto “bombeo” a la hora de entrenar. La realidad es que, en muchas ocasiones, los atletas de fuerza suelen estar deshidratados, en origen por una falta de sodio que impide que junto a la insulina, el agua sea introducida a nivel celular.

 

 

¿Qué es excesivo?. Parece existir cierto consenso al hablar de dos gramos de sodio, que serían unos cinco gramos de sal de mesa: recordad que solo un 40% de lo que llamamos sal, es en realidad sodio.

 

 

Como en todo: mesura.

Mito 4: Los intolerantes a todo

Ya sea proteína láctea, soja o glúten.

 

Y es que si bien, una cosa es afirmar que hay una tendencia en aumento a la hora de observar las intolerancias alimentarias, otra muy distinta resulta en afirmar que gluten, lactosa, suero lácteo o soja, por citar algunos casos, son el origen de todos los males nutricionales modernos.

 

De igual forma que con las fibras fermentables y no fermentables, se parte de casos en los que alguien presenta una patología específica: enfermedad celíaca, síndrome del intestino irritable o alergia alimentaria específica, etc. para acabar afirmando que todo lo expuesto e investigado es válido para toda la población.

 

El gluten es una proteína presente en cereales, y es que, aunque es cierto que puede resultar problemática en personas con sensibilidad específica sin llegar a la misma celiaquía, de igual forma que sucede con la beta lactoglobulina presente en el suero de leche; actualmente hay más deportistas sin ninguna sensibilidad tratando de evitar cualquier “alérgeno”, que deportistas alérgicos o intolerantes consumiendo algo que les sienta mal sin saberlo.

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